Él ha desarrollado compuestos antimicrobianos y sensores de DNA para detectar enfermedades como la diabetes temprana.
Con una amplia sonrisa y su mano siempre cálida saluda a los que lo reconocen por un premio reciente que recibió de la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) y por su propuesta de generar espacios para que los estudiantes de Colombia y de otras partes del mundo cultiven su capacidad creativa y la conviertan en inventos rentables y útiles para la sociedad.
Pero son pocos los que saben que este científico nació y se crió en las polvorientas calles del puerto de Buenaventura, en el pacífico vallecaucano, y que terminó desarrollando compuestos antimicrobianos y sensores de DNA en Estados Unidos.
Cuero participó como conferencista en el V Foro del Sector Privado que reunió a 400 empresarios del continente en Medellín, una de las reuniones previas a la cumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA).
"Yo soy producto de la diversidad y por eso tengo diez inventos", asegura con vehemencia este Ph.D en microbiología, investigador y profesor, mientras se acomoda sus gafas para soltar una de sus infaltables sonrisas.
Según él, la diversidad es la clave de la creatividad. Por eso, dice, el entorno de su Buenaventura natal fue fundamental para estimularle la creatividad y convertirlo en un gran inventor.
Sus paseos con la bisabuela y las observaciones de cucarachas, lagartijas y plantas, comenta, le sirvieron para que a los 19 años hiciera su primer descubrimiento: una planta parasitaria que creció en el laboratorio.
Esto le favoreció para estudiar, primero en Estados Unidos, y luego en Inglaterra.
"Las invenciones me pagaron toda la educación superior", recuerda y agrega que la observación analítica y la abstracción las perfeccionó en el colegio. También está convencido de que la creatividad es herencia de sus ancestros africanos.
Cuero, quien habla cuatro idiomas, aprendió de tecnología en Estados Unidos y en Inglaterra, del desarrollo de la ciencia. En todo ese proceso comprendió que la ciencia y la tecnología se unen con creatividad y así se logran productos que nos benefician a todos.
"La tecnología es la tangibilidad de la ciencia", comenta entre risas mientras expresa que le parece un poema.
Basado en esa premisa ha desarrollado compuestos antimicrobianos, sensores de DNA para detectar enfermedades como diabetes temprana e inventos relacionados con biogénesis, tecnologías ambientales y biología sintética.
'Papá' de los parques creativos Después de seis años de investigación recibió, en diciembre del año pasado, el premio de la NASA por demostrar que el suelo de Marte puede eliminar metales toxicoquímicos, a través de un mecanismo de simulación.
Su última patente, un bloqueador de rayos ultravioletas que previene el cáncer de piel, está en proceso y hace un mes recibió otro premio en la Universidad de Texas, que lo destacó como el científico latinoamericano con más patentes.
Es por eso que está empeñado en que los jóvenes entre los 15 y 21 años se hagan inventores y desarrollen nuevos productos que se puedan vender a las industrias.Con su propuesta pretende generar espacios para que los estudiantes de Colombia y otras partes del mundo cultiven su capacidad creativa y la conviertan en inventos rentables y útiles para la sociedad. Todo, a través de los llamados Parques de la Creatividad, campamentos que hacen en varias ciudades del mundo para formar jóvenes inventores.
"Países como el nuestro tiene la creatividad como salvación del subdesarrollo -afirma-. Los jóvenes son los encargados de materializar el resto de mis sueños".
Los años que tiene de experiencia le sirven de respaldo para asegurar que en el libre mercado hay que competir con inventos novedosos, útiles y que generen empleo porque el trabajo en las grandes industrias ya no existe. "Hay que salir a crear su propio empleo", dice Cuero, que ha trajinado por el mundo, pero no pierde sus raíces.
Comenta que es un buen bailarín de salsa, o al menos eso le dicen. Sin embargo, el jazz es el género que lo inspira. Come pescado, plátano, arroz, fríjoles y hojas verdes.
Confiesa que le encanta ir de safari por tierras africanas, viendo los animales y las flores. Y aunque no echa de menos jugar baloncesto, como lo hacía en Buenaventura, extraña las emociones y la gente que conoció en este deporte porque "el básquet me enseñó a competir".
"Yo soy producto de la diversidad y por eso tengo diez inventos (...) Países como el nuestro tienen la creatividad como salvación del subdesarrollo", dice este científico colombiano.
ISABEL CRISTINA GONZÁLEZ ESPECIAL PARA EL TIEMPOMEDELLÍN
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